Las familias que seguimos viviendo en la parcela 125 del Sector 4 queremos hacer pública la situación que estamos viviendo después de los últimos derribos realizados en nuestra parcela.
Durante este año han sido derribadas las viviendas en las que residían dos familias, además de otra vivienda perteneciente a una familia afectada por un derribo realizado el año pasado. Actualmente permanecemos en la parcela 11 viviendas habitadas, todas ellas por familias con menores. Hay más de 20 niños viviendo aquí, algunos de tan solo seis meses de edad.
El mismo día del derribo vivimos una situación que consideramos profundamente injusta y desproporcionada. Aproximadamente entre las 7:30 y las 8:00 de la mañana se cortó el suministro de agua a todas las viviendas de la parcela, sin aviso previo. Nos encontramos de repente sin agua y sin haber podido prepararnos, hasta el punto de que muchas familias no disponíamos ni siquiera de una botella de agua en casa.
Según nuestro testimonio, durante buena parte de la jornada tampoco se nos permitió salir con normalidad de nuestras viviendas debido al dispositivo policial desplegado en la zona. Fueron finalmente otros vecinos quienes, ya avanzada la tarde, consiguieron acercarnos agua. Muchos de ellos ni siquiera sabían que nos habían cortado el suministro.
Además, dos viviendas sufrieron cortes de electricidad y, a fecha de hoy, 28 de octubre de 2026, esas dos familias continúan sin luz.
Lo que vivimos durante el derribo fue estremecedor. Las casas temblaban como si se tratara de un terremoto. Muchas vecinas llorábamos mientras nuestros hijos regresaban del colegio y contemplaban todo lo que estaba ocurriendo alrededor de sus hogares. Más de veinte menores viven actualmente en esta parcela y tuvieron que presenciar una situación de enorme tensión.
También denunciamos que durante los trabajos se retiró el portón de acceso a la parcela y se dañó parte del muro de entrada, a pesar de que, según entendíamos, la actuación prevista se limitaba exclusivamente al derribo de determinadas viviendas.
Varias vecinas salimos a pedir, por favor, que no se retirara nuestra puerta. Sentíamos que ese portón era también una medida de seguridad para nuestros hijos y nuestras viviendas. Nuestras peticiones, sin embargo, no fueron atendidas.
Los servicios sociales nos habían transmitido anteriormente que las familias que permanecíamos viviendo en la parcela no resultaríamos afectadas. Por eso sentimos ahora una enorme decepción y una profunda sensación de engaño y abandono.
Queremos dejar claro que siempre hemos mantenido una actitud pacífica y respetuosa. Hemos tratado con educación tanto a los agentes de policía como a todas las personas que han acudido a nuestra parcela. Nunca hemos buscado enfrentamientos. Lo único que reclamamos es poder vivir con dignidad y seguridad.
A día de hoy seguimos sin suministro de agua. Podemos ver agua saliendo debajo de los escombros de las viviendas derribadas, aparentemente como consecuencia de tuberías que han resultado dañadas durante los trabajos.
También permanecen numerosos escombros sin retirar. Hay restos de obra, vigas y elementos metálicos, basura y otros materiales potencialmente peligrosos en un espacio donde viven y juegan más de veinte niños.
Nos preguntamos: ¿dónde se supone que tienen que jugar nuestros hijos?
¿Entre los escombros? ¿Junto a vigas de hierro? ¿Entre objetos cortantes, basura o ratas?
Cualquier niño puede perder una pelota entre los restos y entrar a buscarla. ¿Quién asumirá la responsabilidad si alguno de ellos resulta herido?
Consideramos que el Ayuntamiento de Rivas tiene la obligación de garantizar inmediatamente la seguridad y unas condiciones mínimas de habitabilidad para las familias que seguimos residiendo aquí. Asimismo, pedimos que se aclaren las responsabilidades de las personas encargadas de coordinar estas actuaciones, entre ellas Pedro del Cura, cuya actuación durante este proceso consideramos que debe ser explicada públicamente.
No pedimos privilegios.
Pedimos agua, electricidad, seguridad y unas condiciones dignas para nuestros hijos.
Somos personas. Somos familias trabajadoras. Entre nosotros hay hombres y mujeres que han estudiado, que trabajan, que siguen formándose y que están criando a niños que acuden cada día a sus colegios.
Nos sentimos vulnerables y desamparados.
Por eso exigimos respeto, derechos, humanidad y empatía hacia las familias del barrio.
Nuestros hijos merecen crecer en un entorno seguro y digno.
Somos vecinos de Madrid. Formamos parte de esta sociedad. Y pedimos simplemente que se nos trate como lo que somos: personas y familias con los mismos derechos y la misma dignidad que cualquier otra.
CAÑADA SE QUEDA
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